Machete@rte
Sábado 17 y
Domingo 18 de Noviembre del 2001
Numero 240
Himno Zapatista
Ya se mira el horizonte
Combatiente zapatista
El camino marcará
A los que vienen atrás
Vamos, vamos, vamos, vamos adelante
Para que salgamos en la lucha avante
Porque nuestra Patria grita y necesita
De todo el esfuerzo de los zapatistas
Hombres, niños y mujeres
El esfuerzo siempre haremos
Campesinos, los obreros
Todos juntos con el pueblo
Vamos, vamos, vamos, vamos adelante
Para que salgamos en la lucha avante
Porque nuestra Patria grita y necesita
De todo el esfuerzo de los zapatistas
Nuestro pueblo dice ya
Acabar la explotación
Nuestra historia exige ya
Lucha de liberación
Vamos, vamos, vamos, vamos adelante
Para que salgamos en la lucha avante
Porque nuestra Patria grita y necesita
De todo el esfuerzo de los zapatistas
Ejemplares hay que ser
Y seguir nuestra consigna
Que vivamos por la patria
O morir por la libertad
Vamos, vamos, vamos, vamos adelante
Para que salgamos en la lucha avante
Porque nuestra Patria grita y necesita
De todo el esfuerzo de los zapatistas
UN RECORRIDO
POR EL OTRO CHIAPAS, QUE DA CUENTA DE LA SITUACIÓN INDÍGENA Y DE LAS
CIRCUNSTANCIAS QUE CONDUJERON A LA ORGANIZACIÓN Y A LA INSURRECIÓN ARMADA
Subcomandante
Marcos:
Chiapas: el
Sureste en dos vientos, una tormenta y una
profecía *
Viento
primero
EL DE ARRIBA
Capítulo I
Que narra cómo el supremo gobierno se enterneció de la miseria indígena
de Chiapas y tuvo a bien dotar a la entidad de hoteles, cárceles, cuarteles y
un aeropuerto militar. Y que narra también cómo la bestia se alimenta de la
sangre de este pueblo y otros infelices y desdichados sucesos.
Suponga que habita usted en el norte, centro y occidente del país.
Suponga que hace usted caso de la antigua frase de Sectur de "Conozca
México primero".
Suponga que decide conocer el sureste de su país y suponga que del
sureste elige usted al estado de Chiapas. Suponga que toma usted por carretera
(llegar por aire a Chiapas no sólo es caro sino improbable y de fantasía: sólo
hay dos aeropuertos "civiles" y uno militar).
Suponga que enfila usted por la carretera Transístmica. Suponga
que no hace usted caso de ese cuartel que un regimiento de artillería del
ejército federal tiene a la altura de Matías Romero y sigue usted hasta la
Ventosa.
Suponga que usted no advierte la garita que el Servicio de
Inmigración de la Secretaría de Gobernación tiene en ese punto (y que hace
pensar que uno sale de un país y entra en otro).
Suponga que usted gira a la izquierda y toma decididamente hacia
Chiapas. Kilómetros más adelante dejará usted Oaxaca y encontrará un gran
letrero que reza "BIENVENIDO A CHIAPAS". ¿Lo encontró? Bien, suponga
que sí. Usted entró por una de las tres carreteras que hay para llegar al
estado: por el norte del estado, por la costa del Pacífico y por esta carretera
que usted supone haber tomado, se llega a este rincón del sureste desde el
resto del país.
Y la riqueza sale de estas tierras no sólo por estas tres
carreteras. Por miles de caminos se desangra Chiapas: por oleoductos y
gasoductos, por tendido eléctricos, por vagones de ferrocarril, por cuentas
bancarias, por camiones y camionetas, por barcos y aviones, por veredas
clandestinas, caminos de terracería, brechas y picadas; esta tierra sigue
pagando su tributo a los imperios: petróleo, energía eléctrica, ganado, dinero,
café, plátano, miel, maíz, cacao, tabaco, azúcar, soya, sorgo, melón, mamey,
mango, tamarindo y aguacate, y sangre chiapaneca fluye por los mil y un
colmillos del saqueo clavados en la garganta del sureste mexicano.
Materias primas, miles de millones de toneladas que fluyen a los puertos
mexicanos, a las centrales ferroviarias, aéreas y camioneras, con caminos
diversos: Estados Unidos, Canadá, Holanda, Alemania, Italia, Japón; pero con el
mismo destino: el imperio.
La cuota que impone el capitalismo al sureste de este país rezuma,
como desde su nacimiento, sangre y lodo.
Un puñado de mercaderes, entre los que se cuenta el Estado
mexicano, se llevan de Chiapas toda la riqueza y a cambio dejan su huella
mortal y pestilente: el colmillo financiero obtuvo, en 1989, una captación integral
de un millón 222 mil 669 millones de pesos y
sólo derramó en créditos y obras 616 mil 340 millones.
Más de 600 mil millones de pesos fueron a dar al estómago de la
bestia. En las tierras chiapanecas hay
86 colmillos de PEMEX clavados en los municipios de Estación Juarez, Reforma,
Ostuacán, Pichucalco y Ocosingo. Cada día succionan 92 mil barriles de petróleo
y 516.7 mil millones de pies cúbicos de gas. Se llevan el gas y el petróleo y
dejan, a cambio, el sello capitalista:
destrucción ecológica, despojo agrario, hiperinflación,
alcoholismo, prostitución y pobreza. La bestia no está conforme y extiende sus tentáculos a
la Selva Lacandona: ocho yacimientos petrolíferos están en exploración. Las
brechas se abren a punta de
machetes, los empuñan los mismos campesinos que quedaron sin
tierra por la bestia insaciable.
Caen los árboles, retumban las explosiones de dinamita en terrenos
donde sólo los campesinos tienen prohibido tumbar árboles para sembrar. Cada
árbol que tumben les puede costar una multa de 10 salarios mínimos y cárcel. El
pobre no puede tumbar árboles, la bestia petrolera, cada vez más en manos
extranjeras, sí. El campesino tumba para vivir, la bestia tumba para saquear.
También por el café se desangra Chiapas. El 35% de la producción
nacional cafetalera sale de etas tierras que emplean a 87 mil personas. El 47%
de la producción va al mercado nacional y el 53% se comercializa en el
extranjero, principalmente el Estados Unidos y Europa.
Más de 100 mil toneladas de café salen del estado para engordar
las cuentas bancarias de la bestia: en 1988 el kilo de café pergamino se vendió
en el extranjero un promedio de 8 mil
pesos, pero al productor chiapaneco se lo pagaron a 2 mil 500 o a menos.
El segundo saqueo en importancia, después del café, es el ganado.
Tres millones de vacas esperan a coyotes y a un pequeño grupo de introductores
para ir a llenar los frigoríficos de Arriaga, Villahermosa y el Distrito
Federal. Las vacas son pagadas hasta en mil
400 pesos el kilo en pie a los ejidatarios empobrecidos, y
revendidos por coyotes e introductores hasta en 10 veces multiplicado el valor
que pagaron.
El tributo que cobra el capitalismo a Chiapas no tiene paralelo en
la historia. El 55 por ciento de la energía nacional de tipo hidroeléctrico
proviene de este estado, y aquí se produce el 20 por ciento de la energía
eléctrica total de México. Sin embargo, sólo un tercio de viviendas chiapanecas
tienen luz eléctrica. ¿A dónde van los 12 mil 907 gigawatts que producen
anualmente las hidroeléctricas de Chiapas?
A pesar de la moda ecológica, el saqueo maderero sigue en los
bosques chiapanecos. De 1981 a 1989 salieron 2 millones 444 mil 700 metros
cúbicos de maderas preciosas, coníferas y corrientes tropicales con destino al
Distrito Federal, Puebla, Veracruz y Quintana Roo.
En 1988 la explotación maderera dio una ganancia de 23 mil 900
millones de pesos, 6 mil por
ciento más que en 1980.
La miel que se produce en 79 mil colmenas del estado va
íntegramente a los mercados de EU y Europa. 2 mil 756 toneladas de miel y cera
producidas anualmente en el campo se convierten en dólares que los chiapanecos
no verán. Del maíz, más de la mitad
producida aquí va al mercado nacional. Chiapas está entre los primeros estados
productores a nivel nacional. El sorgo, en su mayoría, va a Tabasco. Del
tamarindo, el 90% va al DF y a otros estados. El aguacate en dos tercios se
comercializa fuera del estado; el mamey en su totalidad. Del cacao el 69 por
ciento va al mercado nacional y el 31 por ciento al exterior con destino a EU,
Holanda, Japón e Italia.
La mayor parte de las 451 mil 627 toneladas anuales de plátanos se
exportan. ¿Qué deja la bestia a cambio
de todo lo que se lleva?
Chiapas posee 75 mil 634.4 kilómetros cuadrados, unos 7.5 millones
de hectáreas, ocupa el octavo lugar en extensión y tiene 111 municipios
organizados para el saqueo en nueve regiones económicas. Aquí se encuentra, del
total nacional, el 40 por ciento de las variedades de plantas, el 36 por ciento
de los mamíferos, el 34 por ciento de los anfibios y reptiles, el 66 por ciento
de las aves, el 20 por ciento de los peces de agua dulce y el 80 por ciento de
las mariposas. El 9.7 por ciento de la lluvia de todo el país cae sobre estas
tierras.
Pero la mayor riqueza de la entidad son los 3.5 millones de
chiapanecos, de los cuales las dos terceras viven y se mueren en el medio
rural. La mitad de los chiapanecos no tienen agua potable y dos tercios no
tienen drenaje. El 90 por ciento de la población en el campo tiene ingresos mínimos
o nulos.
La comunicación es una grotesca caricatura para un estado que
produce petróleo, energía eléctrica, café, madera y ganado para la bestia
hambrienta.
Sólo las dos terceras partes de las cabeceras municipales tienen
acceso pavimentado, 12 mil comunidades no tienen más comunicación que los
centenarios caminos reales.
La línea del ferrocarril no sigue las necesidades del pueblo
chiapaneco sino las del saqueo capitalista desde los tiempos del porfirismo. La
vía férrea que sigue la línea costera (sólo hay dos líneas: la otra atraviesa
parte del norte del estado) data de principios de siglo y su tonelaje es
limitado por los viejos puentes porfiristas que cruzan las hidrovenas del
sureste.
El único puerto chiapaneco, Puerto Madero, es sólo una puerta más
de salida para que la bestia saque lo que roba. ¿Educación? La peor del país. En primaria, de cada 100 niños 72
no terminan el primer grado. Más de la mitad de las escuelas no ofrecen más que
al tercer grado y la mitad sólo tiene un maestro para todos los cursos
que imparten.
Hay cifras muy altas, ocultas por cierto, de deserción escolar de
niños indígenas debido a la necesidad de incorporar al niño a la explotación.
En cualquier comunidad indígena es común ver a niños en horas de
escuela cargando leña o maíz, cocinando o lavando ropa. De 16 mil 58 aulas que
había en 1989, sólo mil 96 estaban en zonas indígenas. ¿Industria? Vea usted: el 40 por ciento de
la
"industria" chiapaneca es de molinos de nixtamal, de
tortillas y de muebles de madera. La gran empresa, el o.2 por ciento, es del
Estado mexicano (y pronto del extranjero) y la forman el petróleo y la
electricidad. La mediana industria, el 0.4 por ciento, está formada por
ingenios azucareros, procesadoras de pescados y mariscos, harina, calhidra,
leche y café. El 94.8 por ciento es microindustria.
La salud de los chiapanecos es un claro ejemplo de la huella
capitalista: un millón y medio de personas no disponen de servicio médico
alguno. Hay 0.2 consultorios por cada mil habitantes, cinco veces menos que el
promedio nacional; hay 0.3 camas de hospital por cada mil chiapanecos, tres
veces menos que en el resto de México; hay un quirófano por cada 100 mil
habitantes, dos veces menos que en el país; hay 0.5 médicos y 0.4 enfermeras
por cada mil personas, dos veces menos que el promedio nacional. Salud y alimentación van de la mano en la
pobreza.
El 54 por ciento de la población chiapaneca está desnutrida y en
la región de los altos y la selva este porcentaje de hambre supera el 80 por
ciento. El alimento promedio de un campesino es: café, pozol, tortilla y
frijol. Todo esto deja el capitalismo
en pago por lo que se lleva...
Esta parte del territorio mexicano que se anexó por voluntad
propia a la joven república independiente en 1824, apareció en la geografía
nacional hasta que el boom petrolero recordó a la nación que había un sureste
(en el sureste está el 82 por ciento de la
capacidad instalada de la planta petroquímica de Pemex); en 1990
las dos terceras partes de la inversión pública en el sureste fue para
energéticos.
Pero este estado no responde a modas sexenales, su experiencia en
saqueo y explotación se remonta desde siglos atrás. Igual que ahora, antes
fluían a las metrópolis, por las venas del saqueo, maderas y frutas, ganados y
hombres. A semejanza de las
repúblicas bananeras pero en pleno auge del neoliberalismo y las
"revoluciones libertarias", el sureste sigue exportando materias
primas y mano de obra y, como desde hace 500 años, sigue importando lo
principal de la producción capitalista: muerte y miseria.
Un millón de indígenas habitan estas tierras y comparten con
mestizos y ladinos una desequilibrada pesadilla: aquí su opción, después de 500
años del "encuentro de dos mundos", es morir de miseria o de represión.
El programa de optimización de la pobreza, esa pequeña mancha de
socialdemocracia que salpica ahora al Estado mexicano y que con Salinas de
Gortari lleva el nombre de Pronasol es una caricatura burlona que cobra
lágrimas de sangre a los que, bajo estas lluvias y soles, se desviven. ¡¡Bienvenido!!... Ha llegado usted al estado
más pobre del país: Chiapas.
Suponga que sigue usted manejando y de Ocosocoautla baja usted a
Tuxtla Gutiérrez, capital del estado. No se detenga mucho; Tuxtla Gutiérrez es
sólo una gran bodega que concentra producción de otras partes del estado.
Aquí llega parte de la riqueza que será enviada a donde los
designios capitalistas decidan. No se detenga, apenas toca usted los labios de
las fauces sangrantes de la fiera. Pase usted por Chiapa de Corzo sin hacer
caso de la fábrica que Nestlé tiene ahí, y empiece a ascender la sierra. ¿Qué
ve? Está en lo cierto, entró a usted a otro mundo: el indígena. Otro mundo,
pero el mismo que padecen millones en el resto del país.
Este mundo indígena está poblado por 300 mil tzeltales, 300 mil
tzotziles, 120 mil choles, 90 mil zoques y 70 mil tojolabales. El supremo
gobierno reconoce que "sólo" la mitad de este millón de indígenas es
analfabeta.
Siga por la carretera sierra adentro, llega usted a la región
llamada los altos de Chiapas. Aquí, hace 500 años el indígena era mayoritario,
amo y señor de tierras y aguas. Ahora sólo es mayoritario en número y pobreza.
Siga, lléguese hasta San Cristóbal de Las Casas, hace 100 años era la capital
del estado pero las pugnas interburguesas le quitaron el dudoso honor de ser
capital del estado más pobre de México. No, no se detenga, si Tuxtla Gutiérrez
es una gran bodega, San Cristóbal es un gran mercado: por miles de rutas llega
el tributo indígena al capitalismo: , tzotziles, tzeltales, choles, tojolabales
y zoques, todos traen algo: madera, café, ganado, telas, artesanías, frutas,
verduras, maíz... Todos se llevan algo: enfermedad, ignorancia, burla y muerte.
Del estado más pobre de México, ésta es la región más pobre.
Bienvenido a San Cristóbal de Las Casas "Ciudad Colonial" dicen los
coletos, pero la mayoría de la población es indígena. Bienvenido al gran
mercado que Pronasol embellece. Aquí todo se compra y se vende, menos la dignidad
indígena. Aquí todo es caro, menos la muerte. Pero no se detenga, siga adelante
por la carretera, enorgullézcase de la infraestructura turística: en 1988 en el
estado había 6 mil 270 habitaciones de
hotel, 139 restaurantes y 42 agencias de viaje; ese año entraron
un millón 58 mil 98 turistas y dejaron 250 mil millones de pesos en manos de hoteleros restauranteros.
¿Hizo la cuenta? ¿Si? Es correcto: hay unas siete habitaciones por
cada mil turistas, mientras que hay 0.3 camas de hospital para cada mil
chiapanecos. Bueno, deje usted las cuentas y siga adelante, libre con cuidado
esas tres hileras de policía que, con boinas pintas, trotan por la orilla de la
carretera, pase usted por el cuartel de la Seguridad Pública y siga por entre
hoteles, restaurantes y grandes comercios, enfile a la salida para Comitán.
Saliendo de la "olla" de San Cristóbal y por la misma carretera verá
las famosas grutas de San Cristóbal, rodeadas de frondosos bosques. ¿Ve usted
ese letrero? No, no se equivoca, este parque natural es administrado por... ¡el
ejército! Sin salir de su desconcierto siga adelante... ¿Ve usted? Modernos
edificios, buenas casas, calles pavimentadas... ¿Una universidad? ¿Una colonia
para trabajadores? No, mire el letrero a un lado de los cañones, y lea:
"Cuartel General de la 31
Zona Militar". Todavía con la hiriente imagen verdeolivo en
la retina llegue usted al crucero y decida no ir a Comitán, así se evitará la
pena de ver que, unos metros más adelante, en el cerro que se llama del
Extranjero, personal militar norteamericano maneja, y enseña a manejar a sus
pares mexicanos, u radar.
Decida mejor ir a Ocosingo ya que está de moda la ecología y todas
esas pamplinas. Vea usted esos árboles, respire profundo... ¿Ya se siente
mejor? ¿Sí? Entonces mantenga su vista a la izquierda porque si no, en el Km.
7, verá usted otra magnífica construcción con el noble símbolo de SOLIDARIDAD
en la fachada. No vea, le digo que voltee para otro lado, no se dé cuenta usted
de que este edificio nuevo es... una cárcel (dicen las malas lenguas que son
ventajas que ofrece Pronasol: ahora los campesinos no tendrán que ir hasta
Cerro Hueco, cárcel en la capital del estado). No hombre, no se desanime, lo
peor está siempre oculto: el exceso de pobreza espanta al turismo... Siga, baje
a Huixtán, ascienda a Oxchuc, vea la hermosa cascada donde nace el río Jataté
cuyas aguas atraviesan la Selva Lacandona, pase por Cuxuljá y no siga la
desviación que lleva a Altamirano, lléguese hasta Ocosingo: "la puerta de
la Selva Lacandona"...
Está bien, deténgase un poco. Una vuelta rápida por la ciudad...
¿Principales puntos de interés? Bien: esas dos grandes construcciones a la
entrada son prostíbulos, aquello es una cárcel, la de más allá la iglesia, esa
otra es la Ganadera, ése de allá es un cuartel del ejército federal, allá los
judiciales, la presidencia municipal y más acá PEMEX, lo demás son casitas
amontonadas que retumban al paso de los gigantescos camiones de PEMEX y las
camionetas de los finqueros.
¿Qué le parece? ¿Una hacienda porfirista? ¡Pero eso se acabó hace
75 años! No, no siga por esa carretera de terracería que llega hasta San
Quintín, frente a la Reserva de los Montes Azules. No, llegue hasta donde se
juntan los ríos Jataté y Perlas, no baje ahí, no
camine tres jornadas de ocho horas cada una, no llegue a San
Martín, no vea que es un ejido muy pobre y muy pequeño, no se acerque a ese
galerón que se cae a pedazos y con láminas oxidadas y rotas. ¿Qué es? Bueno, a
ratos iglesia, a ratos escuela, a ratos salón
de reuniones.
Ahorita es una escuela, son las 11 del día. No, no se acerque, no
mire dentro, no vea a esos cuatro grupos de niños rebosando de lombrices y
piojos, semidesnudos, no vea los cuatro jóvenes indígenas que hacen de maestros
por una paga miserable que tienen que recoger después de caminar las mismas
tres jornadas que usted caminó; no vea que la única división entre un
"aula" y otra es un pequeño pasillo.
¿Hasta qué año se cursa aquí? Tercero. No, no vea esos carteles
que es lo único que el gobierno les mandó a esos niños, no los vea: son
carteles para prevenir el SIDA...
Mejor sigamos, volvamos a la carretera pavimentada. Sí, ya sé que
está en mal estado. Salgamos de Ocosingo, siga admirando estas tierras... ¿Los propietarios?
Sí, finqueros. ¿Producción? Ganado, café, maíz... ¿Vio el Instituto Nacional
Indigenista? Sí, a la salida. ¿Vio esos espléndidos camiones? Son dados a
crédito a los campesinos indígenas. Sólo usan gasolina MagnaSin, por aquello de
la ecología... ¿Qué no hay MagnaSin en Ocosingo? Bueno, pues ésas son
pequeñeces... Sí, usted tiene razón, el gobierno se preocupa por los
campesinos.
Claro que dicen las malas lenguas que en esa sierra hay
guerrilleros y que la ayuda monetaria del gobierno es para comprar la lealtad
indígena, pero son rumores, seguramente tratan de desprestigiar al Pronasol...
¿Qué? ¿El Comité de Defensa Ciudadana? ¡Ah sí! Es un grupo de
"heroicos" ganaderos, comerciantes y charros sindicales que organizan
guardias blancas para desalojos y amenazas. No, ya le dije a usted que la
hacienda porfirista acabó hace 75 años... Mejor sigamos... en esa desviación
tome usted a la izquierda. No, no vaya usted a Palenque. Mejor sigamos, pasemos
por Chilón... bonito ¿no? Sí Yajalón... muy moderno, hasta tiene una
gasolinera... mire, ése de allá es un banco, allá la presidencia municipal, por
acá la judicial, la ganadera, allá el ejército... ¿Otra vez con lo de la
hacienda? Vámonos y ya no vea ese otro gran y moderno edificio en las afueras,
en el camino a Tila y Sabanilla, no vea su hermoso letrero de SOLIDARIDAD
embelleciendo la entrada, no vea que es... una cárcel.
Bueno, llegamos al cruce, ahora a Ocosingo... ¿Palenque? ¿Está
usted seguro? Bueno, vamos... Sí, bonitas tierras. Ajá, finqueros. Correcto:
Ganado, café, madera. Mire, ya llegamos a Palenque. ¿Una visita rápida a la
ciudad? Bueno: ésos son hoteles, allá restaurantes, acá la presidencia
municipal, la Judicial, ése el el cuartel del ejército, y allá... ¿Qué? No, ya
sé qué me va a decir... no lo diga, no... ¿Cansado? Bueno, paremos un poco. ¿No
quiere ver las pirámides? ¿No? Bueno. ¿Xi'Nich? Ajá, una marcha indígena. Sí,
hasta México. Ajá, caminando. ¿Cuánto? Mil 106 kilómetros. ¿Resultados?
Recibieron sus peticiones. Sí, sólo eso. ¿Sigue cansado? ¿Más? Bueno,
esperemos... ¿Para Bonampak? Está muy malo el camino. Bueno, vamos. Sí, la ruta
panorámica... ése es el retén del ejército federal, este otro es de la Armada,
aquél de judiciales, el de más allá el de Gobernación... ¿Siempre así? No, a
veces topa uno con marchas campesinas de protesta. ¿Cansado? ¿Quiere regresar?
Bueno. ¿Otros lugares? ¿Distintos? ¿En qué país? ¿México? Verá usted lo mismo,
cambiarán los colores, las lenguas, el paisaje, los nombres, pero el hambre, la
explotación, la miseria y la muerte, es la misma. Sólo busque bien. Sí, en
cualquier estado de la república. Ajá, que le vaya bien... y si necesita un
guía turístico no deje de avisarme, estoy para servirle... ¡Ah! otra cosa. No
será siempre así. ¿Otro México? No, el mismo... yo hablo de otra cosa, como que
empiezan a soplar otros aires, como que otro viento se levanta...
Capítulo Tercero
Que narra cómo el virrey tuvo una brillante idea y la puso en
práctica y que narra también cómo el imperio decretó la muerte del socialismo
y, entusiasmado, se dio a la tarea de difundirlo para regocijo de los
poderosos, desconsuelo de los tibios e indiferencia de los más. Narra también cómo Zapata no ha muerto,
dicen. Y otros desconcertantes acontecimientos.
El virrey está preocupado. Los campesinos se niegan a aplaudir el
despojo institucional que ahora está escrito en el nuevo artículo 27 de la
Carta Magna. El virrey está rabiando. Los explotados no son felices explotados.
Se niegan a recibir con una servil caravana las limosnas que el Pronasol
salpica en el campo chiapaneco.
El virrey está desesperado, consulta a sus asesores. Ellos le
repiten una vieja verdad: no bastan cárceles y cuarteles para dominar, es
necesario domar también el pensamiento. El virrey se pasea inquieto en su
soberbio palacio. Se detiene, sonríe y redacta... No hay para qué luchar. El socialismo ha muerto. Viva el
conformismo y la reforma y la modernidad y el capitalismo y los crueles
etcéteras que a esto se asocian y siguen.
El virrey y los señores feudales bailan y ríen eufóricos en sus
palacios y palacetes. Su regocijo es desconcierto en algunos de los escasos
pensadores independientes que habitan en estos lares. Incapaces de entender, se
dan a la desazón y los
golpes de pecho. Es cierto, para qué luchar.
La correlación de fuerzas es desfavorable. No es tiempo... hay que
esperar más... tal vez años... alerta contra los aventureros. Que haya
sensatez. Que nada pase en el campo y en la ciudad, que todo siga igual. El
socialismo ha muerto. Viva el capital. Radio, prensa y televisión lo proclaman,
lo repiten algunos exsocialistas, ahora sensatamente arrepentidos.
Pero no todos escuchan las voces de desesperanza y conformismo. No
todos se dejan llevar por el tobogán del desánimo. Los más, los millones siguen
sin escuchar la voz del poderoso y el tibio, no alcanzan a oír, están
ensordecidos por el llanto y la sangre que, muerte y miseria, les gritan al
oído.
Pero cuando hay un momento de reposo, que los hay todavía,
escuchan otra voz, no la que viene de arriba, sino la que trae el viento de
abajo y que nace del corazón indígena de las montañas, la que les habla de
justicia y libertad, la que les habla de socialismo, la que les habla de
esperanza... la única esperanza de ese mundo terrenal.
Y cuentan los más viejos entre los viejos de las comunidades que
hubo un tal Zapata que se alzó por los suyos y que su voz cantaba, más que
gritar, ¡Tierra y Libertad! Y cuentan estos ancianos que no ha muerto, que
Zapata ha de volver. Y cuentan los viejos más viejos que el viento y la lluvia
y el sol le dicen al campesino cuándo ha de preparar la tierra, cuándo ha de
sembrar y cuándo cosechar. Y cuentan que también la esperanza se siembra y se
cosecha. Y dicen los viejos que el viento, la lluvia y el sol están hablando de
otra forma a la tierra, que de tanta pobreza no puede seguir cosechando muerte,
que es la hora de cosechar rebeldía. Así dicen los viejos. Los poderosos no
escuchan, no alcanzan a oír, están ensordecidos por el embrutecimiento que los
imperios les gritan al oído. "Zapata" repiten quedo los pobres
jóvenes; "Zapata" insiste el viento, el de abajo, el nuestro.
Viento
Segundo
El de abajo
Capítulo
Cuarto
Que narra cómo la dignidad y la rebeldía se emparentan en el sureste
y de cómo los fantasmas de Jacinto Pérez y mapaches recorren las sierras de
Chiapas. Narra también de la paciencia que se agota y otros sucesos de ignorada
presencia pero presumible consecuencia.
Este pueblo nació digno y rebelde, lo hermana al resto de los
explotados del país no el Acta de Anexión de 1824, sino una larga cadena de
ignominias y rebeldías. Desde los tiempos en que sotana y armadura conquistaban
estas tierras, la dignidad y la rebeldía se vivían y difundían bajo estas
lluvias.
El trabajo colectivo, el pensamiento democrático, la sujeción al
acuerdo de la mayoría, son más que una tradición en zona indígena, han sido la
única posibilidad de sobrevivencia, de resistencia, de dignidad y rebeldía.
Estas "malas ideas", a ojos terratenientes y comerciantes, van en
contra del precepto capitalista de "mucho en manos de pocos". Se ha dicho, equivocadamente, que la
rebeldía chiapaneca tiene otro tiempo y no responde al calendario nacional. Mentira:
la especialidad del explotado chiapaneco es la misma del de Durango, el Bajío o
Veracruz; pelear y perder. Si las voces de los que escriben la historia hablan
de descompás, es porque la voz de los oprimidos no habla... todavía. No hay
calendario histórico, nacional o regional, que recoja todas y cada una de las
rebeliones y disconformidades contra el sistema impuesto y mantenido a sangre y
fuego en todo el territorio nacional. En Chiapas esta voz de rebeldías se
escucha sólo cuando estremece el mundillo de terratenientes y comerciantes.
Entonces sí el fantasma de la barbarie indígena retumba en los muros de los
palacios gobernantes y pasa todo con la ayuda de plomo ardiente, el encierro,
el engaño y la amenaza.
Si las rebeliones en el sureste pierden, como pierden en el norte,
centro y occidente, no es por desacompañamiento temporal, es porque el viento
es el fruto de la tierra, tiene su tiempo y madura, no en los libros de
lamentos, sino en los pechos organizados de los que nada tienen más que
dignidad y rebeldía. Y este viento de abajo, el de la rebeldía, el de la
dignidad, no es sólo respuesta a la imposición del viento de arriba, no es sólo
brava contestación, lleva en sí una propuesta nueva, no es sólo la destrucción
de un sistema injusto y arbitrario, es sobre todo una esperanza, la de la conversión
de dignidad y rebeldía en libertad y dignidad.
¿Cómo habrá de hacerse oír esta voz nueva en estas tierras y en
todas las del país? ¿Cómo habrá de crecer este viento oculto, conforme ahora
con soplar en sierras y cañadas, sin bajar aún a los valles donde manda el
dinero y gobierna la mentira? De la
montaña vendrá este viento, nace ya bajo los árboles y conspira por un nuevo
mundo, tan nuevo que es apenas una intuición en el corazón colectivo que lo
anima...
Capítulo Quinto
Que narra cómo la dignidad indígena se dió en caminar para hacerse
oír y poco duró su voz, y narra también cómo voces de antes se repiten hoy y de
que volverán los indios a caminar pero con paso firme, y junto a otros pasos
desposeídos, para tomar lo que les pertenece y la música de muerte que toca
ahora sólo para los que nada tienen, tocará para otros. Y narra también otros
asombrosos acontecimientos que suceden y, dicen, habrán de suceder.
La marcha indígena Xi'Nich (hormiga), realizada por campesinos de
Palenque, Ocosingo y Salto de Agua, viene a demostrar lo absurdo del sistema.
Estos indígenas tuvieron que caminar mil 106 kilómetros para hacerse escuchar,
llegaron hasta la capital de la
república para que el poder central les consiguiera una entrevista
con el virrey. Llegaron al Distrito Federal cuando el capitalismo pintaba una
tragedia espantosa sobre los cielos de Jalisco.
Llegaron a la capital de la antigua Nueva España, hoy México, en
el año 500 después de que la pesadilla extranjera se impuso en la noche de esta
tierra. Llegaron y los escucharon todas las gentes honestas y nobles que hay, y
las hay todavía, y también las escucharon las voces que oprimen el sureste,
norte, centro y occidente de la patria. Regresaron otros mil 106 kilómetros
llenos los bolsillos de promesas. Nada quedó de nuevo...
En la cabecera municipal de Simojovel, los campesinos de la CIOAC
fueron atacados por gente pagada por ganaderos de la localidad.
Los campesinos de Simojovel han decidido dejar de estar callados y
responder a las amenazas cumplidas de los finqueros. Manos campesinas cercan la
cabecera municipal, nada ni nadie entra o sale sin su consentimiento. El
ejército federal se acuartela, la policía recula y los señores feudales del
estado claman fuego para volver al orden y el respeto. Comisiones negociadoras
van y vienen. El conflicto se soluciona aparentemente, las causas subsisten y
con la misma apariencia, todo vuelve a la calma.
En el poblado Betania, en las afueras de San Cristóbal de Las
Casas, los indígenas son detenidos y extorsionados, regularmente por agentes
judiciales, por cortar leña para sus hogares. La judicial cumple con su deber
de cuidar la ecología, dicen los agentes. Los indígenas deciden dejar de estar
callados y secuestran a tres judiciales. No conformes con eso, toman la
carretera Panamericana y cortan la comunicación al oriente de San Cristóbal. En
el crucero de Ocosingo y Comitán, los campesinos tienen amarrados a los
judiciales y exigen hablar con el virrey antes de desbloquear la carretera. El
comercio se empantana, el turismo se derrumba. La noble burguesía coleta se
mesa sus venerables cabelleras. Comisiones negociadoras van y vienen. El
conflicto se soluciona aparentemente, las causas subsisten, y con la misma
apariencia todo vuelve a la calma. En
Marqués de Comillas, municipio de Ocosingo, los campesinos sacan madera para
sobrevivir.
La judicial los detiene y requisa la madera para provecho de su
comandante. Los indígenas deciden dejar de estar callados y toman los vehículos
y hacen prisioneros a los agentes, el gobierno manda policías de seguridad
pública y son tomados prisioneros de la misma forma.
Los indígenas retienen los camiones, la madera y a los
prisioneros. Sueltan a estos últimos. No hay respuesta. Marchan a Palenque para
exigir solución y el ejército los reprime y secuestra a sus dirigentes. Siguen
reteniendo los camiones. Comisiones negociadoras van y vienen. El gobierno
suelta a los dirigentes, los campesinos sueltan los camiones. El conflicto se
soluciona aparentemente, las causas subsisten, y con la misma apariencia todo
vuelve a la calma.
En la cabecera municipal de Ocosingo marchan, desde distintos
puntos de las fuerzas de la ciudad, 4 mil campesinos indígenas de la ANCIEZ.
Tres marchas convergen frente al Palacio Municipal. El presidente no sabe de
qué se trata y se da a la fuga, en el suelo de su despacho queda tirado un
calendario señalando la fecha: 10 de abril de 1992. Afuera los campesinos
indígenas de Ocosingo, Oxchuc, Huixtán, Chilón, Yajalón, Sabanilla, Salto de
Agua, Palenque, Altamirano, Margaritas, San Cristóbal, San Andrés y Cancuc,
bailan frente a una imagen gigantesca de Zapata pintada por uno de ellos,
declaman poemas, cantan y dicen su palabra. Sólo ellos se escuchan.
Los finqueros, comerciantes y judiciales se encierran en sus casas
y comercios, la guarnición federal parece desierta. Los campesinos gritan que
Zapata vive, la lucha sigue. Uno de ellos lee una carta dirigida a Carlos
Salinas de Gortari donde lo acusan de haber acabado con los logros zapatistas
en materia agraria, vender al país con el Tratado de Libre Comercio y volver a
México a los tiempos del porfirismo, declaran contundentemente no reconocer las
reformas salinistas al artículo 27 de la Constitución Política. A las dos de la
tarde, la manifestación se disuelve, en orden aparente, las causas subsisten, y
con la misma apariencia todo vuelve a la calma. Abasolo, ejido del municipio de Ocosingo. Desde hace años los
campesinos tomaron tierras que les correspondían por derecho legal y derecho
real.
Tres dirigentes de su comunidad han sido tomados presos y
torturados por el gobierno. Los indígenas deciden dejar de estar callados y
toman la carretera San Cristóbal-Ocosingo.
Comisiones negociadoras van
vienen.
Los dirigentes son liberados. El conflicto se soluciona
aparentemente, las causas subsisten, y con la misma apariencia todo vuelve a la
calma. Sueña Antonio con que la tierra
que trabaja le pertenece, sueña que su sudor es pagado con justicia y verdad,
sueña que hay escuela para curar la ignorancia y medicina para espantar la
muerte, sueña que su casa se ilumina y su mesa se llena, sueña que su tierra es
libre y que es razón de su gente gobernar y gobernarse, sueña que está en paz
consigo mismo y con 0el mundo. Sueña que debe luchar para tener ese sueño,
sueña que debe haber muerto para que haya vida. Sueña Antonio y despierta...
ahora sabe qué hacer y ve a su mujer en cuclillas atizar el fogón, oye a su
hijo llorar, mira el sol saludando al oriente, y afila su machete mientras
sonríe.
Un viento se levanta y todo lo revuelve, él se levanta y camina a
encontrarse con otros. Algo le ha dicho que su deseo es deseo de muchos y va a
buscarlos.
Sueña el virrey con que su tierra se agita por un viento terrible
que todo lo levanta, sueña con que lo que robó le es quitado, sueña que su casa
es destruida y que el reino que gobernó se derrumba. Sueña y no duerme. El
virrey va donde los señores feudales y éstos le dicen que sueñan lo mismo. El
virrey no descansa, va con sus médicos y entre todos deciden que es brujería
india y entre todos deciden que sólo con sangre se librará de ese hechizo y el
virrey manda matar y encarcelar y construye más cárceles y cuarteles y el sueño
sigue desvelándolo. En este país todos
sueñan. Ya llega la hora de despertar...
LA
TORMENTA...
...la que
está
Nacerá del
choque de estos dos vientos, llega ya su tiempo, se atiza ya el horno de la
historia. Reina ahora el viento de arriba, ya viene el viento de abajo, ya la
tormenta viene... así será...
LA PROFECIA
...la que
está
Cuando
amaine la tormenta, cuando lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra, el
mundo ya no será el mundo, sino algo mejor.
Selva
Lacandona, agosto de 1992
Breve de
Cómo Surgió el EZLN
“De 1983 a 1990, las FLN (Fuerzas de Liberación Nacional) hacen su
labor de proselitismo entre tzeltales, tzotziles y tojlabales (en Chiapas).
Para mejor asimilarse al mundo que pretenden radicalizar, los
activistas aprenden las lenguas y costumbres indígenas y hacen suya la vida de
miseria y carencia de estímulos.” (Carlos Monsivais, en Proceso, enero de
1999).
“A principios de los 80 establecen sus primeros contactos en
Chiapas. Trabajan en el municipio de Sabanilla. De hecho, los cuadros más
viejos del EZLN, como el mayor Mario y la mayor Ana María, son de este lugar.
También lo hacen en Los Altos. “En el otoño de 1983, concretamente el 17 de
noviembre, entran en la selva, debajo de laguna Miramar, en la región de Tierra
y Libertad, que era un ejido fundado por choles y tzotziles de Sabanilla.
Virtualmente forman el EZLN. Transcurren los años y, en enero de
1993, las FLN se transforman en Partido FLN en el ejido Prado, al sur de la
Cañada de Patihuitz.” ( Carlos Tello Díaz, Proceso 976).
Carta de la
Comandancia General del EZLN
El día de hoy, 17 de noviembre de 1995, se cumplen doce años del
nacimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en las montañas del
Sureste Mexicano.
Producto de la aspiración histórica, de los habitantes originales
de la tierra mexicana, por encontrar la Democracia, la Libertad y la Justicia a
las que todo ser humano tiene derecho, el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional es una organización de mexicanos mayoritariamente indígenas, que lucha
para que todos tengan Techo, Tierra, Trabajo, Pan, Salud, Educación, Libertad,
Justicia, Independencia y Paz.
Durante estos doce años de vida hemos cometido muchos errores,
pero nunca ell de renunciar a ser mejores. Hay en nosotros, como en Nuestra Gran
Nación Mexicana, sangre indígena y sangre mestiza. La Democracia, la Libertad y la Justicia que queremos, la
queremos para todos los mexicanos y no sólo para los indígenas.
No queremos separarnos de la Nación Mexicana, queremos ser parte
de ella, queremos que nos acepten como iguales, como seres dignos, como seres
humanos.
Nosotros los zapatistas queremos para Todos todo, nada para
nosotros. Para nosotros, todos aquellos que con armas o sin armas, con o sin
rostro, indígenas o no indígenas, hacen suyo nuestro anhelo de un país mejor,
son zapatistas.
Datos de
Chiapas
Estado:
Chiapas
Superficie:
74,211 kilómetros cuadrados
Población:
3,607,128 (1994)
Población
indígena: Más de un millón de personas (el
gobierno
sólo menciona a 706 mil).
Ricardo
Flores Magón: Historia de una Pasión Libertaria I
Por
Armando Gómez
El día 21 de noviembre se conmemora un año más de la muerte de
Ricardo Flores Magón, quien fuera el ideólogo de la Revolución Mexicana en los
inicios del siglo pasado. La necesidad de mantener viva la historia que nos
legó este proceso para no repetir los errores que llevaron a que el
levantamiento popular de 1910 se perdiera en sus objetivos más centrales, sigue
haciendo prioritario su pensamiento.
Hoy en día existe la vigencia de la proclama de “Tierra y
Libertad” que enarbolaran los revolucionarios que exigían la tierra para quien
la trabajara, así como el fin de la tiranía como modelo de gobierno.
A Magón es difícil encerrarlo en una simple biografía, pues su
obra abarca no sólo los largos años de gesta y lucha que envolvieron su vida,
sino también sus implicaciones que su pensamiento logró en la vida política y
social de nuestro país. Hablar de Ricardo Flores Magón sin mencionar a la Junta
Organizadora del Partido Liberal Mexicano, es hablar en el vacío; como lo sería
el no mencionar el papel que jugó el periodismo independiente en esta historia
de lucha libertaria, desde El Demócrata, El Porvenir, El Demófilo, El Hijo del
Ahuizote, El Nieto del Ahuizote, Revolución, Punto Rojo y por su puesto la
columna vertebral del movimiento Magonista:
Regeneración.
Pero para hablar de Ricardo Flores Magón y su lucha, es mejor
hacerlo a través de su propia obra. Sirva pues este modesto tributo y
exposición de una de las vidas más ejemplares que la revolución a dado al
mundo. ¡Viva Tierra y Libertad!
VAMOS HACIA
LA VIDA *
No vamos los revolucionarios en pos de una quimera: vamos en pos
de la realidad. Los pueblos ya no toman las armas para imponer un dios o una
religión; los dioses se pudren en los libros sagrados; las religiones se
deslíen en las sombras de la indiferencia. El Korán, los Vedas, la Biblia, ya
no esplenden: en sus hojas amarillentas agonizan los dioses tristes como el sol
en un crepúsculo de invierno.
Vamos hacia la vida. Ayer fue el cielo el objetivo de los pueblos;
ahora es la tierra. Ya no hay manos que empuñen las lanzas de los caballeros.
La cimitarra de Alá yace en las vitrinas de los museos. Las hordas del dios de
Israel se hacen ateas. El polvo de los dogmas va desapareciendo al soplo de los
años.
Los pueblos ya no se rebelan, porque prefieren adorar un dios en
vez de otro. Las grandes conmociones sociales que tuvieron su génesis en las
religiones, han quedado petrificadas en la historia. La Revolución francesa
conquistó el derecho de pensar; pero no conquistó el derecho de vivir, y a
tomar este derecho se disponen los hombres conscientes de todos loa países y de
todas las razas.
Todos tenemos derecho de vivir, dicen los pensadores, y esta
doctrina humana ha llegado al corazón de la gleba como un rocío bienhechor.
Vivir, para el hombre, no significa vegetar. Vivir significa ser libre y ser
feliz. Tenemos, pues, todos derecho a la libertad y a la felicidad.
La desigualdad social murió en teoría al morir la metafísica por
la rebeldía del pensamiento. Es necesario que muera en la práctica.
A este fin encaminan sus esfuerzos todos los hombres libres de la
tierra.
He aquí por qué los revolucionarios no vamos en pos de una quimera.
No luchamos por abstracciones, sino por materialidades. Queremos tierra para
todos, para todos pan. Ya que forzosamente ha de correr sangre, que las
conquistas que se obtengan beneficien a todos y no a determinada casta social.
Por eso nos escuchan las multitudes; por eso nuestra voz llega
hasta las masas y la sacude y las despierta, y, pobres como somos, podemos
levantar un pueblo.
Somos la plebe; pero no la plebe de los Faraones, mustia y
doliente; ni la plebe que bate palmas al paso de Porfirio Díaz. Somos la plebe
rebelde al yugo; somos la plebe de Espartaco, la plebe que con Munzer proclama
la igualdad, la plebe que con Camilio Desmoulins aplasta la Bastilla, la plebe
que con Hidalgo incendia Granaditas, somos la plebe que con Juárez sostiene la
Reforma.
Somos la plebe que despierta en medio de la francachela de los
hartos y arroja a los cuatro vientos como un trueno esta frase formidable:
"¡Todos tenemos derecho a ser libres y felices!" Y el pueblo, que ya no
espera que descienda a algún Sinaí la palabra de Dios grabada en unas tablas,
nos escucha.
Debajo de las burdas telas se inflaman los corazones de los
leales. En las negras pocilgas, donde se amontonan y pudren los que fabrican la
felicidad de los de arriba, entra un rayo de esperanza.
En los surcos medita el peón.
En el vientre de la tierra el minero repite la frase a sus compañeros de
cadenas. Por todas partes se escucha la respiración anhelosa de los que van a
rebelarse. En la obscuridad, mil manos nerviosas acarician el arma y mil pechos
impacientes consideran siglos los días que faltan para que se escuche este
grito de hombres: ¡rebeldía!
El miedo huye de los pechos: sólo los viles lo guardan. El miedo
es un fardo pesado, del que se despojan los valientes que se avergüenzan de ser
bestias de carga. Los fardos obligan a encorvarse, y los valientes quieren
andar erguidos. Si hay que soportar algún peso, que sea un peso digno de
titanes; que sea el peso del mundo o de un universo de responsabilidades.
¡Sumisión! Es el grito de los viles; ¡rebeldía! Es el grito de los
hombres. Luzbel, rebelde, es más digno que el esbirro Gabriel, sumiso. Bienaventurado los corazones donde enraiza
la protesta. ¡Indisciplina y rebeldía!
Bellas flores qu no han sido debidamente cultivadas.
Los timoratos palidecen de miedo y los hombres "serios"
se escandalizan al oír nuestras palabras; los timoratos y los hombres
"serios" de hoy, que adoran a Cristo, fueron los mismos que ayer lo
condenaron y lo crucificaron por rebelde. Los que hoy levantan estatuas a los
hombres de genio, fueron los que ayer los persiguieron, los cargaron de cadenas
o los echaron a la hoguera. Los que torturaron al Galileo y le exigieron su
retractación, hoy lo glorifican; los que quemaron vivo a Giordano Bruno, hoy lo
admiran; las manos que tiraron de la cuerda que ahorcó a John Brown, el
generoso defensor de los negros, fueron las mismas que más tarde rompieron las
cadenas de la esclavitud por la guerra de secesión; los que ayer condenaron, excomulgaron
y degradaron a Hidalgo, hoy lo veneran; las manos temblorosas que llevaron la
cicuta a los labios de Sócrates, escriben hoy llorosas apologías de ese titán
del pensamiento.
"Todo hombre -dice Carlos Malato- es a la vez un REACCIONARIO
de otro hombre y el REVOLUCIONARIO de otro también".
Para los reaccionarios -hombres "serios" de hoy- somos
revolucionarios; para los revolucionarios de mañana nuestros actos habrán sido
de hombres "serios".
Las ideas de la humanidad varían siempre en el sentido del
progreso, y es absurdo pretender que sean inmutables como las figuras de las
plantas y los animales impresas en las capas geológicas.
Pero si los timoratos y los hombres "serios" palidecen
de miedo y se escandalizan con nuestra doctrina, la gleba se alienta. Los
rostros que la miseria y el dolor han hecho feos, se transfiguran; por las
mejillas tostadas ya no corren lágrimas; se humanizan las caras, todavía mejor,
se divinizan, animadas por el fuego sagrado de la rebelión. ¿Qué escultor ha esculpido,
jamás un héroe feo? ¿Qué pintor ha dejado en el lienzo la figura deforme de
algún héroe? Hay una luz misteriosa que envuelve a los héroes y los hace
deslumbradores. Hidalgo, Juárez, Morelos, Zaragoza, deslumbran como soles. Los
griegos colocaban a sus héroes entre los semidioses.
Vamos hacia la vida; por eso se alienta la gleba, por eso ha
despertado el gigante y por eso no retroceden los bravos. Desde su Olimpo,
fabricado sobre las piedras de Chapultepec, un Júpiter de zarzuela pone precio
a las cabezas de los que luchan; sus manos viejas firman sentencias de
caníbales, sus canas deshonradas se rizan como los pelos de un lobo atacado de
rabia. Deshonra de la ancianidad, este viejo perverso se aferra a la vida con
la desesperación de un náufrago. Ha quitado la vida a miles de hombres y lucha
a brazo partido con la muerte para no perder la suya.
No importa; los revolucionarios vamos adelante. El abism