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Reflexiones a Propósito del “Día de la Familia”

 

Por Enrique Cisneros

Parecería casualidad, pero no lo es, el que sea el reaccionario Consejo Nacional de la Comunicación quien fuerce a la institucionalización del “Día de la Familia”, precisamente cada primer domingo de marzo, en fecha casi coincidente con el Día Internacional de la Mujer (día 8 del mismo mes). Basta revisar la concepción conmemorativa del “Día de la Familia”, para entender que se trata de contraponer dos conceptos, dos maneras de entender el rol de la mujer en la sociedad, además de intentar atacar las nuevas formas de relación entre seres humanos, que la sociedad actual poco a poco reconociendo.

Para empezar, el Consejo de la Comunicación promotor del Día de la Familia confiesa en sus escritos que como Consejo, “tiene como misión el incidir en el comportamiento de los mexicanos a través de los medios de comunicación públicos para promover el esfuerzo en el desarrollo personal que con lleve a una sociedad productiva, solidaria, participativa y justa” Y preguntamos ¿Cuál sociedad?, contestándose parte de esa pregunta con las declaraciones que el actual Papa, Benedicto XVI hizo el 12 de febrero refiriéndose a la necesidad de defender la familia tradicional, condenando las leyes que la modifican, recordando que "el Concilio Vaticano II reiteró que la institución del matrimonio es estable por orden divino y que por ello ese vínculo es sagrado en bien de los cónyuges, los hijos y la sociedad"

¿Cuál sociedad?.... la sociedad capitalista y patriarcal (en su fase actual neoliberal), donde se legaliza la opresión y la explotación de todos los trabajadores, y de manera contundente el de las mujeres (y hasta de los niños y niñas), que además de ser explotadas por esta sociedad, son esclavizadas por medio de las relaciones familiares tradicionales.

Y en los momentos que avanzan en el mundo (y en México) las ideas de liberación e igualad femenina, el dichoso Consejo afirma que la creación del “Día de la Familia” responde a “fomentar la unidad de la familia a través de diversas actividades de cada sector, logrando así preservar los valores que siempre han caracterizado a la nación mexicana”

Aquí habría que preguntarse ¿Cuáles son esos valores que han caracterizado a la nación mexicana en términos de la familia?, contestando que precisamente esos medios de comunicación, con el cine en otros tiempos y ahora con la TV y la radio, fomentan la idea irrebatible de “la mujer abnegada” que regala su trabajo doméstico al hombre, siendo los valores de éste, el ser macho, mujeriego, parrandero y jugador (¿Verdad que si mi Chachita? Claro que si mi Torito)

Escribe el Consejo de la Comunicación que celebrar este día es para “presentar a la familia como el núcleo de la sociedad y agente cultural para la transmisión de sus valores más representativos de generación en generación” Efectivamente, eso conviene a los que quieren que las cosas sigan igual, no importando que tengan que caer en las más absurdas contradicciones.

Por ejemplo, afirman que deben de instituir como tradición el Día de la Familia para transmitir los valores representativos de la misma, como la honestidad que es un pilar importante de la sociedad.

Pero resulta que fue el “honesto” (y divorciado) Vicente Fox quién el año pasado firmó el decreto para impulsar el Día de la Familia, en el que se lee en el Diario Oficial de la Federación: “ VICENTE FOX QUESADA , Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, en ejercicio de la facultad que me confiere la fracción I del artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y con fundamento en los artículos 5, 12, fracción II y XIV de la Ley de Asistencia Social…. CONSIDERANDO, que la familia es una comunidad de perfeccionamiento humano, célula básica de la sociedad y fortaleza de toda nación;……. (y) que la sociedad civil, con la participación del gobierno federal, se ha organizado en forma espontánea (sic) para conmemorar el primer domingo de marzo de cada año el día de la familia, por lo que acogiendo esa iniciativa a fin de preservar los principios que siempre han caracterizado a la nación mexicana, he tenido a bien expedir el siguiente DECRETO, y bla, bla, bla.

¿Esa es la honestidad que pretenden promover?

Es claro que con todo esto intentan combatir las “sociedades de convivencia”, las uniones no convencionales, pero principalmente, las ideas de igualdad de la mujer, quien en la mayoría de los casos juega el rol de esclava (no remunerada) al seno de millones de familias.

En 1848 se Escribió Sobre la Familia:

“…..¡Abolición de la familia! Al hablar de estas intenciones satánicas de los comunistas, hasta los más radicales gritan escándalo.

Pero veamos: ¿en qué se funda la familia actual, la familia burguesa? En el capital, en el lucro privado. Sólo la burguesía tiene una familia, en el pleno sentido de la palabra; y esta familia encuentra su complemento en la carencia forzosa de relaciones familiares de los proletarios y en la pública prostitución.

Es natural que ese tipo de familia burguesa desaparezca al desaparecer su complemento, y que una y otra dejen de existir al dejar de existir el capital, que le sirve de base.

¿Nos reprocháis acaso que aspiremos a abolir la explotación de los hijos por sus padres? Sí, es cierto, a eso aspiramos.

Pero es, decís, que pretendemos destruir la intimidad de la familia, suplantando la educación doméstica por la social.

¿Acaso vuestra propia educación no está también influida por la sociedad, por las condiciones sociales en que se desarrolla, por la intromisión más o menos directa en ella de la sociedad a través de la escuela, etc.? No son precisamente los comunistas los que inventan esa intromisión de la sociedad en la educación; lo que ellos hacen es modificar el carácter que hoy tiene y sustraer la educación a la influencia de la clase dominante.

Esos tópicos burgueses de la familia y la educación, de la intimidad de las relaciones entre padres e hijos, son tanto más grotescos y descarados cuanto más la gran industria va desgarrando los lazos familiares de los proletarios y convirtiendo a los hijos en simples mercancías y meros instrumentos de trabajo.

¡Pero es que vosotros, los comunistas, nos grita a coro la burguesía entera, pretendéis colectivizar a las mujeres!

El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer.

No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción.

Nada más ridículo, por otra parte, que esos alardes de indignación, henchida de alta moral de nuestros burgueses, al hablar de la tan cacareada colectivización de las mujeres por el comunismo. No; los comunistas no tienen que molestarse en implantar lo que ha existido siempre o casi siempre en la sociedad.

Nuestros burgueses, no bastándoles, por lo visto, con tener a su disposición a las mujeres y a los hijos de sus proletarios -¡y no hablemos de la prostitución oficial!-, sienten una grandísima fruición en seducirse unos a otros sus mujeres.

En realidad, el matrimonio burgués es ya la comunidad de las esposas. A lo sumo, podría reprocharse a los comunistas el pretender sustituir este hipócrita y recatado régimen colectivo de hoy por una colectivización oficial, franca y abierta, de la mujer. Por lo demás, fácil es comprender que, al abolirse el régimen actual de producción, desaparecerá con él el sistema de comunidad de la mujer que engendra, y que se refugia en la prostitución, en la oficial y en la encubierta……”

Manifiesto del Partido Comunista (Carlos Marx y Federico Engels)

 

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