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Bolivia en la Víspera del Trueno


Por Jorge Mansilla Torres
A Mario Miranda, honra de la república

¿De qué se hace la patria sino de inquietudes sedentarias? Alta en el alba, Bolivia se levanta enarbolada de mitos y razones porque quiere seguir siendo.
Siempre fue dura su vida y fue más grande su gana de perdurar. Ni bien se liberó de la España colonial le armaron una guerra para dejarla sin mar.
Cercenada a dentelladas de lobo en ayunas sangró en sus costados oeste, este y sureste por los motivos del guano, el salitre, el caucho, el petróleo.   
Ahora quieren reventarla por dentro. Con un estatuto de exabruptos alistan la diabólica implosión. Oligarcas, terratenientes y neonazis son las logias de la conjura.
Los odiadores de oficio predicen el tiempo cruel: “Por la patria cruceña (sic) no se debe morir, sino matar” fue una soflama del separatista Valverde Barbery.
Y un Marinkovic del desquicio: “Sepan las madres cruceñas que (en la guerra que viene) vamos a derramar la sangre de sus hijos de manera responsable”.
A México vino un siniestro y propuso a sangre fría: Nosotros pondremos la guerra, pongan ustedes la “misión humanitaria” y el pueblo pondrá los muertos.
¿Qué les hizo Bolivia aparte de darles cuna, cobijo y fortuna? La patria, dijo el justo, no es herencia de los padres; es préstamo de los hijos.
País siempre recobrado a golpe de trabajo, refriega y terca adhesión a la esperanza, Bolivia va y viene cargada de energía y porvenir porque está hecha en el amor.
Su rango no es de media luna ni tristes cuartos menguantes. Cuando la dejan habitar en democracia progresa a pleno sol y canta a luna llena.
Fidel Castro dijo el jueves que el imperio “se empeña en desintegrarla y someterla a trabajo enajenante y hambre”, que “la consigna es castigar y deshacerse de Evo”.
Pero es también el gas, el agua y la biodiversidad del oriente boliviano. Como durante 500 años fueron la plata, el oro, el estaño, la heredad mineral ya desangrada.
Ahora que asume su soberanía y despliega la libertad lejos de la bazofia neoliberal, zahieren su corazón en el oriente y escupen a los Andes con infamia mediática.
Busca el imperialismo privatizar la santa cruz de la sierra boliviana, altar mayor del verde; hacerla tramposamente autónoma para aplicar allí su hegemonía a futuro.
Sepa América Latina que si quiebran a Bolivia después irán por ella. Tras su fracaso en Irak quiere la fiera bélica rehabilitarse en nuestros predios.
¿Qué queda? A Marx le preguntaron sus hijas cual era la expresión mayor de la felicidad. La lucha, les dijo aquel. La lucha es la razón del que sigue soñando.
*Embajador de Bolivia en México

 

 

 

 

 

 

 

 

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