PRD, Crónica de un Rompimiento Anunciado
Por Millán y Enrique Cisneros
Desde sus inicios, cuando se fundó el Partido de la Revolución Democrática nació ya infiltrado; la idea de integrar un gran partido de oposición giró en torno a la idea fundamental de ganar elecciones para quitarle plazas al PRI tanto en las cámaras de diputados y cenadores primero, como alcaldías, presidencias municipales y gobernaturas después, y claro eventualmente contender por la grande; la presidencia de la república. La idea nunca fue hacer cambios de fondo en las estructuras económicas del Estado.
Aunque por supuesto hubo gente honesta que se sumó desde el principio a ese proyecto político, lo cierto es que su convocatoria fue tan abierta que aceptó también entre sus filas a todo tipo de tepocatas y víboras prietas; el mejor ejemplo de ello es Jesús Ortega quien había sido prominente integrante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), agrupación dirigida por el nefasto Aguilar Talamantes, hijito político de Luis Echeverría y posteriormente adoptado por Carlos Salinas de Gortari.
Fue por ello que muchos luchadores sociales no se tragaron el viejo cuento de toda la izquierda unida en un solo ‘partidote', pues desde el principio observaron claras señales de infiltración priista-salinista entre las filas del recién creado PRD. Quienes decidieron no ‘embarcarse' en esa aventura electorera fueron tachados en su momento de “marginales”, pero más bien fue el aparato político montado por esa nueva seudo-izquierda quien marginó a todo aquel que no le entró a su juego, que era el mismo del gobierno.
Por eso decimos que aquella nueva alianza de centro izquierdistas, izquierdas no socialistas, socialdemócratas y reformistas constituida en Partido tuvo como único fin, no transformar radicalmente la realidad social de México que siempre ha sido de explotación y pobreza, sino crear un patrimonio para un montón de oportunistas, la mayoría de ellos trásfugas del partido oficial (en aquel entonces el PRI) que por una u otra razón no habían alcanzado hueso político en ese sexenio o que habían caído de la gracia del chaparrito, peloncito, de bigotito Salinas ‘chupacabras' de Gortari.
Por supuesto, como antes se dijo, ello no significa que no haya habido y todavía existan miles de personas honestas que se afiliaron a PRD y que han trabajado durísimo por su Partido, pero esas miles de personas no están entre las dirigencias, sino entre las bases que son las que siempre han sufrido la represión, y si no ¿Cuántos de los dirigentes encumbrados en las cúpulas se cuentan entre los asesinados o desaparecidos que sumaron más de quinientos, tan solo en el sexenio de Carlos Salinas?
Pero el experimento iniciado en 1989 y encabezado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas que tanto se esforzó en separar las heces fecales del excremento que se encontraban mezcladas en esa gran cloaca llamada PRI, tarde o temprano tenia que fallar y falló. Sin embargo quien no falló en sus negras intenciones fue Jesús Ortega en su misión de apoderarse del control de la dirigencia de ese Partido para acabar de una vez por todas con lo poco bueno que pudiera quedar aun en el Partido del sol azteca, prueba de ello es su reciente confirmación, por parte del Tribunal Electoral, como ganador de la elección interna, como premio por haber apoyado la reforma petrolera.
Ahora corresponde a la corriente lopezobradorista representada en este caso por Alejandro Encinas decidir si actuará con dignidad ante el despojo del que fueron objeto y mandarán al diablo esa ya corrompida institución, para ahora si, hacer lucha social anticapitalista, antiimperialista, lucha por el socialismo, o aceptarán las migajas de cargos menores y segundones, con el falaz argumento de hacer las paces y algún día rescatar su Partido. Eso equivaldría simple y llanamente a cometer suicidio político. Mientras tanto ya empezó el desfile frente al despacho del chucho mayor de los que con tal de agarrar hueso ‘aiga sido como aiga sido' están dispuestos a cambiar de bando. Pronto lo sabremos.
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