Del Poder Ciudadano al Poder Popular
Por los distribuidores de Machetearte
En este actual proceso electoral, llama poderosamente la atención el manejo de la propaganda electoral que nos invita a votar, explicitando que el poder ciudadano se reduce estricta y absolutamente al acto del sufragio, cosa que es una falacia, ya que el poder ciudadano no está regido por los calendarios políticos de las instituciones. Este poder ha sabido expresarse de muchas maneras y una de ellas, por poner un ejemplo, fue el fraude electoral, (que fue legitimado por las mismas instituciones que hoy nos invitan a participar en el proceso votante) los ciudadanos manifestaron su repudio ante el robo de la voluntad popular, creando todo un movimiento de la sociedad civil que en cualquier otro momento puede romper el silencio, salir a las calles e incluso tomar acciones más contundentes.
Sin embargo, es importante saber diferenciar entre el poder ciudadano que está normado por un “estado de derecho” donde la vía de la participación política es a través de las instituciones; en cambio, el poder popular se diferencia del poder ciudadano por que antes de ser sociedad civil, es decir, miembro de una comunidad política, se pertenece a un barrio, a una clase social, en suma, a un pueblo (la palabra pueblo es un plural de pobre).
El poder popular se cifra en la lucha de las víctimas. Los pobres por ser pobres, son víctimas debido a que esta condición no es un estado de naturaleza, sino una situación histórico-social. Por ende el poder popular no puede expresarse sino a través de una organización autodirigida por las clases populares como actores políticos en juego.
Una de las expresiones de este poder popular es el caso concreto del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) que organizó la resistencia ante la embestida institucional que pretendía expropiarles de manera arbitraria sus tierras, respondiendo a los intereses de la cúpula oligárquica. Ante su derrota, los poderosos tomaron medidas represivas en donde se involucraron todos los niveles de gobierno como venganza política.
Max Beber definía el poder como la facultad de ejercer la voluntad propia por encima de los demás, para Beber el poder es dominación. En cambio el poder entendido desde abajo, es la voluntad popular que busca; modos, formas e instituciones para poderse ejercer. Hoy más que nunca se requiere de la participación y el ejercicio del poder popular, ante unas instituciones degradadas y corrompidas por el dinero.