Pero No Sin
los Chicanos
América sin los Americanos
Por Gonzalo Lara
Uno de los temas centrales de la reunión, denominada
Cumbre de la Unidad, fue la creación de una organización
de estados latinoamericanos y caribeños que excluya a
Estados Unidos y Canadá.
Ambas naciones del norte quedarán fuera de la nueva organización.
Pero, ¿qué pasará con los millones de latinoamericanos
que viven en esos dos países, quienes son ahora la mayor
población no blanca anglosajona en varios estados de
esa parte del continente? Porque si ahora inciden relativamente
poco políticamente en esas sociedades, menos presencia
tendrá su voz si los países en los que viven quedan
fuera de la nueva agrupación que se propone crear.
¿A quién no le gustaría ver unido al continente
sin la bota militar de Estados Unidos metida desde la diplomacia
hasta las bases militares; o sin las depredadoras compañías
del discreto Canadá, que lo mismo fomentan saqueos de
minerales como de agua y otros recursos en todo el continente
(menos en su país)? Y ¿qué tal que se pudiera
transitar de Tijuana a Tierra de Fuego con la misma libertad
con la que acostumbran dejar circular las mercancías?
Con la intención de excluir a los dos primos ricos del
norte, se confirma lo que ya se sabe: la marcada dependencia
de la región al humor y las conveniencias de los Estados
Unidos. Puestas así las cosas, viene a cuento recordar
que el famoso bicentenario pasa a ser una mera fiesta de disfraces
de la época, pues ahora más que nunca se evidencia
que la cacareada independencia es sólo demagogia.
La organización trasnacional en la región latinoamericana,
después de todo, no puede quedar sólo en manos
de los gobernantes, menos aún de probados incapaces como
Uribe y Calderón –que no son los únicos
de la zona. Y es que mientras los presidentes, secretarios,
ministros, senadores, diputados y de ahí para abajo,
ganen ciento veintisiete veces más que un obrero, un
profesionista, un oficinista, un empleado, un maestro o un campesino,
las cosas no van a avanzar nunca más que para beneficiar
a las mismas pocas familias de siempre.
Un país en manos de oligarquías no aguanta mucho;
tarde o temprano el descontento social termina por desbordarse.
El rescate de la región latinoamericana no consiste sólo
en excluir a dos países (que al final terminarían
colándose con equis máscara). Hace falta mucho
más, como renovar la conciencia social y política
de su población y eliminar la dependencia y el inmanente
derrotismo que venimos arrastrando desde hace siglos, entre
otras cosas. Sin embargo es un inicio.
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