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El Lector Opina


Sobre los Festejos Patrios


Nos encontramos a menos de un mes de que se celebre el glorioso “Bicentenario de la Independencia de México” y todo comienza a ser fiesta. Buen momento para llenar la ciudad de adornitos, de puentes, de metrobús, de notas que realmente parecen chismes; y por qué no… de gente sin casa, de jóvenes sin esperanza, de decapitados –quizá para recordar lo que le hicieron a nuestros ‘héroes’ nacionales antes de colgarlos en la Alhóndiga-, de impuestos para mantener a la sociedad aunque sea sólo a los de arriba.
Ahora nuestras “dignísimas” autoridades (por las que aún digo que es una fortuna ser menor de edad y no poder votar), nos dicen que es un acto de mezquindad el no sentirnos orgullosos de esto y que ellos orgullosamente seguirán gastando nuestros impuestos, perdón, festejando 200 años de ser mexicanos, aunque no nos guste. Pero, ¿no sería mostrarse más orgullosos si fueran a entregar debidamente su informe de gobierno?, acaso ¿no nos llenaría de orgullo a los mexicanos que respondieran a las NECESIDADES del pópulo de una manera más acertada en vez de quitarnos impuestos cuando nos encontramos en medio de una gran crisis? Al menos, en mi poco conocimiento por estas cosas, así lo veo.
Hace aproximadamente 150 años un tipo con muchos… muchas ganas, después de muchas guerras y problemas, pudo separar la Iglesia del Estado. Ahora unos tipos, con la mano en la cintura, están uniendo de nuevo las peores fuerzas de control social que existe (las mismas que mencioné). Nos hablan de nacionalización de la banca, de expropiación de petróleos, de derechos laborales… y ahora sólo vemos estos mitos en libros y en canciones.
Que nos quieren dejar sin educación para los que más la necesitan, sin comer a los que trabajaron toda su vida para tener algo, sin salud cuando es más que necesaria, creando cada vez más niños y jóvenes enajenados por un televisor (la culpa no es del aparato, sino de los pasa en su interior), que existen los derechos de los niños, de los animales, de… en fin muchas cosas; sin embargo, nos quitan los más fundamentales derechos como son los de tener una vida digna, de tener seguridad, libertad de expresión, justicia y demás cosas indispensables.
Perdonarán mi atrevimiento al decir que temo a un futuro en estas condiciones, y decir que desearía profundamente no ser mayor y adquirir un compromiso de cumplir con nuestra “democracia” para solo llenar un papel con una gran cruz. Y porque toda la gente que no entiende tachará esto de socialismo o comunismo… debo aclarar que no lo es, que no me atrevo a tomar una postura de esta clase, no sería correcto; únicamente, de alguna manera quisiera expresarme y decir que no es que me avergüence de ser mexicana, puesto que si lo estuviera no me tomaría el tiempo de escribir esto.
Eugenia Wirth Avilés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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