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Niños Migrantes Mexicanos sin Día de Reyes


Por Carmen Escalante.


Seis de enero. Consumismo, Juguetes. Para los niños migrantes este día es como cualquier otro.Ellos tienen que ir a trabajar después de la escuela. No reciben premios ni reconocimiento por eso. Mucho menos juguetes.


José tiene seis años, su hermana Elia, ocho, ellos son migrantes de algún lugar de Michoacán, radicados desde hace dos años aquí en el Distrito Federal, no tienen un acta de nacimiento que certifique su edad ya que en el transcurso del viaje su madre la extravió.


Desde que ellos tienen memoria se la han pasado viajando y viviendo en lugares distintos por diferentes circunstancias.


Están aquí en la ciudad de México desde hace dos años. Tienen diferentes edades pero van en el mismo grado escolar, el albergue que se encarga de su educación decidió poner alos dos hermanos en primer año. Elia ya no sabe cuantas veces ha cursado primer año. Ninguno de los dos sabe leer.


“Me regresaron a primer año para cuidar a mi hermano y ayudarle a aprender“, dice Elia; “yo le explico lo que él no entiende y cuando ya sepamos leer nos van a pasar a segundo año. En la casa barro, limpio, lavo trastes y cuido a mis hermanos más chicos, a veces le pido a mi hermana mayor que me lea un cuento pero no quiere”. A Elia se le ilumina la cara cuando alguien puede contarle un cuento. Eso ya es un regalo para ella.


José además de cuidar a sus hermanitos ayuda económicamente a su hogar. “Trabajo en los caballos, les limpio, les doy de comer, me pagan mil quinientos al mes, mi mamá los cobra para ayudar en la casa“. Sus manos están curtidas por el trabajo pesado, sus ropas pobres y rotas reflejan la realidad de su pobreza. José quiere hacerse fuerte y mientras transcurren las clases aguanta el frío y está muy pendiente de su hermana.


Esta es la realidad de los niños migrantes. Pobreza, marginación y descuido. El estado tiene la obligación de facilitar a las familias migrantes las condiciones necesarias para proveer a los niños una vida digna. La OIT, Organización Internacional del Trabajo, establece que se debería prestar especial atención a necesidades como las de los trabajadores migrantes, para que éstos a su vez puedan darle una mejor calidad de vida a su familia. En este sentido ocuparse también de los trabajadores migrantes internos.


En la práctica no es así, familias como la de José y Elia, se encuentran en situaciones en las cuales son marginados y relegados, no saben donde pedir ayuda y por lo mismo, poco es lo que pueden hacer para apoyar a sus hijos a integrarse a su nuevo medio. La misma escuela no cumple su función de formar e informar.


José y Elia son parte de los muchos niños migrantes que no tuvieron regalo este seis de enero.Para José un pequeño cochecito es su deseo. Elia sigue manteniendo la ilusión de que su hermana quiera leerle el cuento que le regaló su maestra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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