El último
recurso de una movilización social hastiada
La Defensa del Voto
Por Erandi Villavicencio
Efectivamente existe discontinuidad entre el planteamiento Antiimposición
que hizo la Convención Nacional de Atenco y las posturas
sobre transformar radicalmente la situación de desigualdad
económica, política y cultural que no pasará
por las instituciones en la forma en que son hoy.
Durante la realización de la Convención, los planteamientos
más radicales, incluyendo a los voceros del Yo soy 132,
apuntaban hacia la toma de carreteras y del Congreso pero cayendo
en la misma posición: desconfianza absoluta a las instituciones
políticas y electorales pero reconociendo el fraude a
favor de Peña Nieto.
La pregunta es ¿porqué existiendo miles de evidencias
de un proceso electoral y político amañado, no
puede ponérsele un alto a la toma de posesión
presidencial? ¿Por qué la ciudadanía tiene
que probar que el Estado está ocupando su poder para
trastocar los derechos políticos y no el Estado probar
que defiende los derechos políticos y civiles?
La movilización ciudadana por todo el país se
resguarda bajo el Art. 39 que dice que el poder soberano es
del pueblo ejerciéndolo en la realidad, como el derecho
a no respaldar las elecciones si es evidente el fraude y la
desigualdad de recursos entre los candidatos. Aunque sean movilizaciones
partidistas (como se le acusa a la Convención y al Yosoy132),
las denuncias ciudadanas sobre las trampas electorales realizadas
por el PRI deben ser prioritarias para la institución
electoral. ¿En quién puede residir sino en la
ciudadanía la legitimación de una elección
con procedimientos fidedignos? La legitimación de las
elecciones se está pasando por el triunfo mediático
y capacidad de las instancias para ignorar y ser indiferentes
a la voz ciudadana y al movimiento social. Se legitima por su
fuerza de aparato político y no por su ciudadanía
informada y activa. ¿No debería el Estado denunciar
cualquier tipo de atropello a los derechos políticos
de una institución corrupta, tomando en cuenta el monopolio
de los medios de comunicación y las formas antidemocráticas
del sistema de representación actual? Es decir, la desigualdad
de acceso al campo político está arraigado en
la desigualdad económica y ocultamiento cultural de la
diversidad mexicana.
Tomemos un ejemplo de antidemocracia. El porcentaje de personas
que votan son en su mayoría clases consumidoras, tanto
de bienes económicos como políticos, lo cual se
puede ver en el tipo de propagada de las campañas, es
decir, no se ve "erradicación de la pobreza extrema:
por tí" ya que no es necesario si los más
pobres no votan. En cambio, si vemos "pena de muerte a
secuestradores" dirigiéndose a una clase que sí
vota.
¿En qué sentido podemos hablar de democracia si
más de 40 millones en México están bajo
la línea de pobreza (económica, política
y cultural)? ¿Qué podemos esperar de un campo
político que se defiende como una mafia sin importar
el color de su partido y en donde nadie dirá que es necesario
destruir la institución que les da privilegios? Al contrario,
la idea de la necesidad de las instituciones es la ficción
del orden: mano dura para los pobres que protesten sobre su
condición.
Los movimientos sociales no tienen miedo a enfrentar el desconocimiento
de las instituciones, ya que son incompetentes para establecer
"quién es el enemigo", es decir, el Estado
pone como enemigo a la ciudadanía organizada en vez de
enemistarse con los agentes que generan la desigualdad social
y la imposibilidad de participar democráticamente. El
movimiento social está proponiendo nuevas formas de enfrentar
los poderes económicos arraigados en una cultura basada
en la explotación, requiere de la organización
social para sobrevivir, con redes solidarias para rehacer el
tejido social, para incorporar a los excluidos y marginados,
con nuevas formas de vida que no destruyan al planeta y con
instituciones relacionales entre las diversidades políticas
e identitarias que fundamenten la representación en la
participación.
Las críticas a la Convención Nacional Contra la
Imposición de Peña Nieto, en el sentido en que
su defensa del voto tiende hacia la izquierda, no sólo
contra Peña Nieto, ha presentado como argumento que ésta
postura ambigua acepta los términos de una campaña
electoral (incluyendo los procedimientos y trampas del PRI)
pero que cuando pierde López Obrador, recula e increpa
el fraude.
No están viendo tampoco estos críticos las trampas
de fondo: no es el ímpetu de las masas juveniles por
ir contra corriente. Por el contrario, es un esfuerzo por organizar
algo desde la sociedad civil, a quienes se les ha ido educando
a legitimar las instituciones aunque sea evidente su corrupción.
Sin hablar de otro tipo de educación como la de deshacer
cualquier lazo que lo vincule socialmente, a no responder por
la situación de su país, a creer que la ética
y el civismo es aceptar al Estado que viola los derechos ciudadanos
y creer ciegamente en sus instituciones (como si no las condujeran
los mismos personajes que las corrompen).
Es decir, si el miedo es a una fuerza social que se coloque
del lado de López Obrador como la izquierda visible,
que es ambigua pero dispuesta a no permitir la toma de posición
de Peña Nieto, insisto, no podrá ver el trasfondo
de la demanda social y esto seguirá implicando criminalización
de la protesta y legitimará futuras represiones violentas
que se le dan al PRI.
El punto es reconocer la naturaleza del conflicto, por ejemplo,
que una porción muy limitada de personas llegan a entrar
al campo político, heredando la posición de sus
padres en el espacio social, con formación e instrucción,
con cursos de oratoria, con recursos económicos que les
da su lugar de clase, con acuerdos con los periodistas y alianzas
con medios de comunicación.
Una izquierda congruente para incidir en la transformación
del Estado debe aprender a entrar y disolver estos micromundos
lejanos para las mayorías y que tienden a poner como
pantalla al orden político, tal y como está, como
paz social. Yo agradecería a los estudiantes por ocuparse
de dar cuenta de que las instituciones penden de un hilo, que
la gente está despertando sobre que mientras las campañas
electorales nos afirman la necesidad de atacar problemáticas
de manera mediocre, abajo vivimos explotación, exclusión,
marginación, en otras palabras, trabajos mal pagados,
falta de vivienda, desempleo, educación para la opresión.
La defensa del voto Antipeña es uno de los últimos
recursos de una ciudadanía agotada (no todos los ciudadanos)
pero sí muchos hartos de ser usados y tomados como ignorantes.
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